Complicidad y omisión

Nación
Complicidad y omisión

EDUARDO SEMTEI

El escándalo relacionado con los containers sacudió la patria de banda a banda. Las maldiciones no se hicieron esperar. Hay unas 15 personas de alta jerarquía involucradas, pero qué extraño, en su mayoría son ex funcionarios. Las masas irredentas se preguntan. ¿Si la nueva directiva de Pdval recibió de las anteriores un acta de traspaso debió notar la existencia de miles de toneladas de alimentos almacenados por temporadas excesivas? Luego, es culpable por complicidad al no haber hecho nada para resolver la situación. ¿Y si acaso no recibió el acta en virtud del compadrazgo que existe entre una y otra directiva? Entonces es culpable por omisión. Mientras tanto el contralor general de la República en su triste papel de mequetrefe, de monigote del Poder Ejecutivo no ha abierto la boca para nada ante tan gigantesca pérdida.

).

Su garganta sólo se abre para anunciar nuevas inhabilitaciones. El llamado Ruffián hizo mutis cómplice cuando estalló el escándalo del maletín de Pdvsa. Hizo mutis cuando en Estados Unidos, Siemens fue condenada por haber pagado comisiones, coimas y sobreprecios a funcionarios venezolanos de los Metro de Maracaibo y de Valencia. Su figura bobalicona es indudablemente culpable por omisión y por complicidad. La jerarquía del Ministerio Público que nunca inició procedimiento alguno ante las anteriores irregularidades, que indignamente declaró que el hecho del maletín y las denuncias de la Siemens AG por haberse ejecutado fuera de nuestras fronteras no se abriría investigación alguna, también es culpable por omisión y por complicidad. El señor Reinhard Siekaczek, gerente para actividades de corrupción de esa empresa, confesó ante tribunales estadounidenses haber pagado 16 millones de dólares a los ministros relacionados con los Metro de Maracaibo y Valencia. Todo esto aparece absolutamente detallado en The New York Times en su edición del 20 de diciembre de 2008. (At Siemens, Bribery was Just a line Item). Los jueces que condenaron por mampuesto, a la pena máxima, a los comisarios, sin evidencia alguna de haber disparado o de haber ordenado disparar. Los jueces que ordenaron allanar la inmunidad parlamentaria de William Azuaje o el arresto de Azócar o de la jueza Afiuni también son culpables por complicidad y omisión. Mis amigos que junto conmigo celebraron la libertad de David Nieves mediante el recurso de incorporarlo como diputado al Congreso Nacional, hoy callan ante el hecho de que se inhabiliten presos políticos. Allí también hay complicidad y omisión. Son centenares los hechos que sacuden la opinión pública y que manchan el alma de la patria. El ministro Farruco que no más ayercito imprecaba contra Chávez en el seno de PPT aduciendo que un golpista no puede ser presidente, hoy anda con la hoz y el martillo descabezando funcionarios, aterrorizando empleados, maldiciendo a la supuesta burguesía que se había apoderado del Ateneo, la Cinemateca y de los museos del país. El propio Farruco Sesto que asistió docenas, quizás centenares de veces, al Ateneo de Caracas donde se celebraron más de la mitad de las conferencias de la izquierda venezolana. Del MAS, del MIR, del PCV, del MEP, de La Causa R y de PPT. La omisión por callar ante el atropello. De lambucear las migajas del poder. De callar y comer. De esclavizarse desvergonzadamente ante la petición más mínima de los caporales de Miraflores sin importar si para ello hace falta omitir o establecer complicidades. Hay una perversión generalizada.

En los cuarteles, oficiales venezolanos en un tono humillante a su condición militar pronuncian la frase “Patria socialista o muerte”.

El mando cubano es atroz.

La podredumbre traspasa la frontera de los alimentos para instalarse en las mentes y en los procedimientos del poder. La omisión y la complicidad no pasarán.

Sólo una cosa no hay. Es el olvido (Everness, Jorge Luís Borges

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