Académicos ucevistas se dirigen públicamente a la ministra de Educación Universitaria Tibisay Lucena

Ciudadana

Tibisay Lucena

Ministra del Poder Popular para la Educación Universitaria

Ciudad.-

La educación pública universitaria de Venezuela conoce hoy su hora más difícil. Ningún precedente existe en la dilatada y fecunda historia de la universidad nacional que pueda equipararse al inenarrable tormento que la agobia. Ninguna justificación es admisible para aspirar a su brutal abatimiento. Nada habrá que atenúe la responsabilidad de su implacable vulneración año tras año. 

¿No es la universidad la primera de las instituciones convocada a engrandecer la nación? ¿No es en sus recintos donde se engendra el saber que alumbra los horizontes del país y en los que se forjan los profesionales que lo portan? ¿En nombre de qué arrogancia ha sido durante tanto tiempo privada inicuamente de los medios indispensables para  cumplir sus fines?

Y sin embargo, esto no ha parecido suficiente. Sucesivos despojos quebrantaron su autonomía llevándola a una precariedad sin parangón que ha desembocado en un escenario más dantesco aún, el del pavoroso espectáculo de los profesores universitarios condenados a estrecheces jamás vistas. Los sueldos convertidos en humillante insignificancia por la voracidad inflacionaria que la ineptitud ha prohijado y -perversidad simultánea- por la connivencia sindical que desprovista a la vez de legitimidad, escrúpulos y conciencia de lo justo ha pactado aquiescente con el patrono en el poder.

La indigencia salarial abruma al cuerpo académico forzándolo a sobrevivir penosísimamente a costa de esfuerzos ajenos a su ejercicio natural, si es que no a emigrar. O aun peor,  a languidecer de pesadumbre e inanición como atestigua la estremecedora contabilidad de colegas jubilados a los que no alcanzó oportuno el esforzado auxilio alimentario del gremio profesoral. Colmo añadido, la protección social de que alguna vez gozaron el profesorado y su entorno familiar se esfumó en el mismo proceso que extinguió la remuneración del trabajo académico, dejándonos a todos bajo la sombra ominosa del desamparo absoluto.

¿Qué se pretende con semejante demolición? La universidad es ante todo una atmósfera de intereses intelectuales, pulsión innumerable de avidez cognoscente, voluntad de pensamiento libre porque crítico, animosa vocación  deliberativa y dialogal sobre una urdimbre de sensibilidades y sapiencias extrañas a toda servidumbre… ¿Por qué contra esa múltiple sustancia se empecina la obra destructiva?

No es posible permanecer impasibles frente a la meticulosa perpetración de este crimen de lesa inteligencia.

Ciudadana ministra, los académicos de la UCV la exhortamos vivamente a tomar posición ante a ese oprobio. ( Tal Cual Digital)

Múltiples individualidades

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